A lo largo del camino
recorrido por la humanidad, ha sido testigo del nacimiento, cenit, y
posterior ocaso de civilizaciones enteras, sin embargo la gloria y evolución de
dichas sociedades siempre estuvieron predestinadas a un destino en el que
después de llegar al punto fulgurante de su desarrollo, eran irremediablemente
eclipsadas por civilizaciones más grandiosas y legendarias, hemos llegado a un
punto de evolución en el que nuestros mismos deseos de progreso y desarrollo
nos elevan hacia alturas impensables por nuestros antepasados, alturas que nos
hacen cuestionarnos a diario que tan grande será la caída, porque si caemos un
planeta entero colapsara, un planeta que lleva sobre sus hombros una
civilización unida por los eslabones de una cadena llamada globalización y que
cimento sus bases en una revolución nacida hace casi dos siglos que pario el
eje sobre el que giran nuestras sociedades completas…La tecnología.
El siglo 19 fue testigo de cómo la revolución industrial
cambiaba por completo el eje del individuo, las masas quisieron ser parte del
nuevo descubrimiento abandonando a su suerte el trabajo que durante siglos
enteros habían desempeñados y volcando toda su atención hacia las grandes urbes
con el fin de sacar ellos también una tajada de la maravilla naciente, el éxodo
hacia las ciudades no tuvo precedentes atestando por completo aquellas capitales
y dando nacimiento a uno de los males en los que nos vemos inversos el día de
hoy: la sobrepoblación en las principales ciudades por buscar una mejora de
vida, ya no bastaba la agricultura y ganadería para los campesinos el progreso
estaba más allá de sus sembradíos, estaba donde se alzaban como moles de concreto aquellos
sueños que se edificaban como la solución de sus problemas.
Así el siglo 20 nos mostró una de los peores rostros de
la historia de la humanidad gracias al fenómeno tecnológico y si bien en
nuestra civilización la guerra siempre había sido un desconcertante conocido
estos nuevos descubrimientos tecnológicos fueron también usados para los eventos
más catastróficos y destructivos en los que la naturaleza humana se iba
perdiendo entre bombas atómicas. Genocidios, hambre y penumbra, todo este viaje
comenzado en la ilustración del siglo de las luces que anteponía la razón a la
superstición evaporaba por completo aquello que nos había llevado a ese punto,
la razón y soberanía del ser humano como un ser creador lleno de poder.
Gracias a la tecnología llegamos a la luna, y fuimos
testigos de esos primeros pasos en el suelo lunar, de conocer el universo hasta
fronteras que jamás imaginamos cruzar, la medicina se vio elevada y apoyada por
los distintos gobiernos en busca de sanar todos esos males que nos aquejan. Las
artes el cine y la música florecieron a un nivel nunca visto gracias a la radio
y televisión y la globalización se encargó de unirnos en una sola voz y
volvernos protagonistas activos del mundo a través de las redes sociales y en
la inmediatez de ser escuchados a través de continentes completos solo con el
toque de nuestros dedos, sin embargo un factor decisivo en todo este festín de
bondades para el ser humano reside en una brecha que aun ni la tecnología más
avanzada ni los medios para llevarla a la masificación han podido sellarla por
completo…La brecha digital.
La brecha digital es una de esas barreras en las que tal
y como el infame muro de Berlín en el siglo 20, mantuvo dividida en dos a una
Alemania desangrada que debería
tener los mismos privilegios, nos consume en un pestilente ambiente de
desigualdad por el simple hecho de que las grandes potencias no están
interesadas en adherir una mayor participación en ese olimpo tecnológico y por
ende dejando de lado a todos aquellos países y comunidades en las que no son primordiales
sus necesidades tecnológicas, sus necesidades de surgir a la par de sociedades
mucho más desarrolladas por el solo hecho de pertenecer al llamado tercer
mundo o por simples políticas
gubernamentales obsoletas y lamentables a la hora de incluir a la comunidades
mas marginadas.
Ernesto Castillo , Thais Jessurun

